Conviene empezar por separar dos cosas que suelen confundirse. Una es el capital inicial: lo que se aporta al principio. La otra son los rendimientos que ese capital produce y que, si se reinvierten, pasan a formar parte de la base sobre la que se calcula el siguiente periodo. El interés compuesto no es una fórmula mágica; es la consecuencia aritmética de dejar que ambos componentes crezcan juntos.
Con el interés simple, cada periodo paga sobre el mismo monto original. Con el compuesto, cada periodo paga sobre el monto original más lo acumulado. En un horizonte de cinco años la diferencia entre ambos suele ser modesta y fácil de pasar por alto. Hacia los quince años, esa brecha se vuelve evidente. El tiempo, no la tasa, es la variable que más pesa cuando el plazo se alarga.
Un ejemplo con supuestos declarados
Para ilustrar la progresión se usa un ejercicio simulado: un capital inicial de referencia, una tasa constante supuesta y reinversión total de los rendimientos en cada periodo. La tabla compara el saldo con interés simple y con interés compuesto a cinco, diez y quince años. Las cifras son hipotéticas y sirven solo para mostrar el mecanismo; no anticipan ningún resultado real.
Proyección simulada. Tasa constante supuesta, sin inflación ni comisiones.
| Plazo |
Interés simple |
Interés compuesto |
Diferencia |
| 5 años |
Modesta |
Ligeramente mayor |
Escasa |
| 10 años |
Lineal |
Creciente |
Notable |
| 15 años |
Lineal |
Acelerado |
Evidente |
La lectura correcta de cualquier proyección exige revisar cuatro supuestos: la tasa aplicada, el plazo considerado, la reinversión efectiva de los rendimientos y el tratamiento fiscal de las ganancias. Si falta uno de ellos, la cifra pierde sentido. Un ejercicio que ignora la inflación o las comisiones puede parecer atractivo y, aun así, describir mal lo que ocurriría en la práctica.
El error de extrapolar
Un rendimiento pasado no es una garantía futura. Las tasas cambian, los plazos se acortan y las condiciones del mercado no se repiten de forma idéntica. Presentar un número como si fuera una promesa es el error más común al hablar de interés compuesto. La intención de este texto es que el lector pueda leer una proyección con criterio propio, distinguiendo hechos, supuestos y resultados hipotéticos antes de sacar conclusiones.